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Viaje de Jasón y los Argonautas

Viaje de Jasón y los Argonautas

Orígenes del mito de Jasón y los Argonautas



El viaje de Jasón y los Argonautas es uno de los grandes relatos épicos de la mitología griega, tan importante como la guerra de Troya o las aventuras de Odiseo. Se sitúa en una época mítica anterior a la Ilíada, en una generación de héroes donde conviven personajes como Heracles, Orfeo, Cástor y Pólux, todos embarcados en una misma empresa: la búsqueda del Vellocino de Oro.

Este mito pertenece al llamado “ciclo de los Argonautas” y aparece ya en tradiciones muy antiguas, pero su versión más completa la debemos sobre todo al poema épico “Las Argonáuticas” de Apolonio de Rodas (siglo III a. C.), complementado por autores posteriores como Píndaro, Diodoro Sículo, Apolodoro y, en la tradición romana, Valerio Flaco. Aúna elementos heroicos, religiosos, mágicos y políticos, y ha sido interpretado como un símbolo del viaje iniciático, de la colonización griega hacia el Ponto Euxino (Mar Negro) y de la tensión entre civilización y barbarie.

El trasfondo: el reino de Yolco y el usurpador Pelias



Todo comienza en la ciudad de Yolco, en Tesalia. El trono legítimo pertenecía al rey Esón, pero su medio hermano Pelias lo había usurpado. Temiendo que el hijo de Esón creciera y reclamara el poder, Pelias decide eliminar a cualquier posible heredero. Esón, desesperado, finge la muerte de su propio hijo recién nacido: Jasón. Lo envía en secreto lejos del palacio, para que sea criado por el sabio centauro Quirón en el monte Pelión.

Quirón, famoso por instruir a héroes como Aquiles o Asclepio, educa a Jasón en las artes de la guerra, la música, la medicina, la justicia y el respeto a los dioses. De este modo, Jasón crece lejos de la intriga de la corte, pero destinado a regresar para reclamar lo que le pertenece.

Mientras tanto, Pelias reina en Yolco con temor constante a una profecía que ha recibido del oráculo: debe cuidarse de “un hombre que llegará con una sola sandalia”. Esta imagen en apariencia extraña será la señal de su futura perdición.

El regreso de Jasón a Yolco y la misión imposible



Cuando Jasón alcanza la madurez, Quirón le revela su verdadera identidad y su derecho al trono de Yolco. El joven héroe decide regresar para reclamarlo. En el camino, al cruzar un río caudaloso (a veces identificado con el río Anauro), se encuentra con una anciana que le pide ayuda para cruzar. Jasón la carga sobre sus hombros, pero en medio del cruce pierde una de sus sandalias en la corriente.

Aquella anciana no era otra que la diosa Hera disfrazada. La diosa, enemiga del rey Pelias, queda impresionada por la nobleza y valentía del joven, y decide protegerlo en secreto. Cuando Jasón entra en Yolco con una sola sandalia, Pelias comprende de inmediato que la profecía se está cumpliendo.

Durante un banquete en honor a Poseidón, Jasón reclama públicamente el trono que le corresponde por nacimiento. Pelias, astuto y temeroso, opta por una estrategia: no se enfrenta abiertamente a Jasón, sino que lo somete a una misión casi suicida. Finge aceptar su derecho, pero le impone una condición para entregarle el poder: debe demostrar su valía trayendo desde el remoto reino de Cólquide el Vellocino de Oro, la piel dorada de un carnero maravilloso, colgada en un árbol sagrado y custodiada por un dragón que nunca duerme.

Pelias está convencido de que nadie podría regresar vivo de semejante empresa. Pero el desafío está lanzado, y así se inicia la legendaria expedición de los Argonautas.

El Vellocino de Oro: símbolo de poder y sacralidad



El Vellocino de Oro no es un simple trofeo. Su origen remite a otra historia mítica: la de Frixo y Hele, hijos del rey Atamante y Néfele. Perseguidos por la maldad de su madrastra, los dioses les enviaron un carnero alado con vellón de oro para rescatarlos. Durante el vuelo, Hele cayó al mar (originando el Helesponto), pero Frixo llegó sano y salvo a Cólquide, en la costa oriental del mar Negro.

Allí, el rey Eetes lo acogió y Frixo sacrificó el carnero a Zeus, colgando su piel dorada en un árbol consagrado a Ares, dios de la guerra. Desde entonces, el Vellocino de Oro permanece en Cólquide, símbolo de realeza, legitimidad y favor divino. Recuperarlo significa no solo afrontar peligros físicos y mágicos, sino también arrebatar a un rey extranjero un objeto cargado de sacralidad.

En el ámbito simbólico, el vellocino ha sido interpretado como:

- Un emblema de soberanía y prosperidad.
- Una metáfora de la aventura y la búsqueda espiritual.
- Una representación de riquezas lejanas, como el oro obtenido en los ríos del Cáucaso.

La construcción del Argo y el nacimiento de los Argonautas



Para emprender una expedición tan grande, Jasón necesita un navío sin precedentes. El encargo recae en Argos, un maestro constructor de barcos. Con la ayuda y la inspiración de Atenea, diosa de la sabiduría y de las artes, Argos fabrica una nave extraordinaria: la “Argo”, cuyo nombre derivará en la denominación de todos sus tripulantes, los Argonautas, es decir, “los navegantes del Argo”.

La Argo es un barco sagrado. Atenea incorpora en su proa una pieza de madera procedente del roble parlante de Dodona, un oráculo de Zeus. Gracias a este elemento, la nave posee cierta conciencia y puede ofrecer advertencias o consejos a la tripulación. En varios pasajes del mito, la Argo misma “habla” o emite sonidos proféticos, guiando a los héroes.

Una vez construida, se difunde la noticia de la gran empresa: ir hasta Cólquide, en los confines del mundo, para traer el Vellocino de Oro. Héroes de toda Grecia acuden a unirse a la aventura.

La tripulación heroica: ¿quiénes son los Argonautas?



La lista de Argonautas varía según los autores, pero todos coinciden en que se trata de una auténtica “selección” de héroes panhelénicos, provenientes de diferentes reinos y linajes. Este carácter panhelénico refuerza el simbolismo de la empresa: no es la aventura de un solo héroe, sino de toda la Grecia mítica unida.

Entre los más destacados se encuentran:


  • Heracles (Hércules en la tradición romana), el héroe por excelencia, famoso por sus Doce Trabajos, símbolo de fuerza y resistencia.

  • Orfeo, el músico y poeta tracio capaz de encantar con su lira a hombres, animales, árboles y hasta las piedras.

  • Cástor y Pólux (los Dióscuros), hermanos gemelos, protectores de marineros y famosos por su destreza en la equitación (Cástor) y el pugilato (Pólux).

  • Atalanta (en algunas versiones), la célebre cazadora y corredora, una de las pocas heroínas que figuran entre expedicionarios masculinos.

  • Teseo (en algunas listas), quien más tarde vencería al Minotauro en Creta.

  • Idas y Linceo, inseparables compañeros, el primero famoso por su audacia y el segundo por su vista aguda, capaz de ver a través de objetos sólidos.

  • Periclimeno, nieto de Poseidón, dotado de la facultad de transformarse en diversos animales.

  • Argos, el constructor de la nave, que también forma parte de la tripulación.

  • Filoctetes (en algunas tradiciones posteriores), futuro portador del arco de Heracles en la guerra de Troya.

  • Admeto, rey de Feras, conocido por el mito con Alcestis.

  • Meléagro, el héroe de la cacería del jabalí de Calidón.



No solo destaca la fuerza bruta: esta tripulación reúne poder marcial, astucia, linajes divinos, habilidades mágicas o musicales. Cada Argonauta aporta algo a la aventura, lo que subraya otro rasgo clave del mito: la empresa solo puede llevarse a cabo mediante cooperación y diversidad de talentos, no por la fuerza individual de un solo héroe.

La partida desde Yolco: ritos y presagios



Antes de zarpar, Jasón organiza sacrificios y libaciones a los dioses, especialmente a Zeus, Poseidón y Apolo, solicitando protección para el peligroso viaje. Se consultan oráculos y se interpretan augurios. Hera y Atenea, aliadas en esta empresa, velan por la expedición desde el Olimpo, aunque intervienen de forma discreta o indirecta.

La partida desde Yolco se realiza en medio de grandes expectativas. El pueblo observa a los héroes con admiración, pero también con temor, pues el mar, en la mentalidad griega arcaica, simboliza el riesgo, lo desconocido y el límite entre el mundo ordenado y las fuerzas caóticas.

La Argo se lanza finalmente a las aguas, marcando el inicio de un viaje que será tanto geográfico como espiritual, un paso desde el centro civilizado de Grecia hacia los márgenes del mundo, donde esperan monstruos, pueblos extraños y potencias divinas.

Primera etapa del viaje: del Egeo al Helesponto



La ruta de los Argonautas sigue, en líneas generales, el camino desde el mar Egeo hacia el Helesponto (actual estrecho de los Dardanelos) y luego hacia el mar de Mármara y el Bósforo, antes de llegar al Ponto Euxino (mar Negro). Cada escala ofrece un encuentro mítico distinto.

En Lemnos, la primera etapa importante, los Argonautas descubren una isla habitada solo por mujeres. Según la tradición, las lemnias habían asesinado a sus maridos en un arranque de furia impulsado por Afrodita, que las había maldecido con un olor pestilente que alejaba a sus esposos. Los hombres se habían buscado amantes extranjeras, y las mujeres, en venganza, los mataron.

Cuando la Argo llega, estas mujeres, lideradas por la reina Hipsípile, reciben a los héroes con hospitalidad. Durante un tiempo, Jasón y sus compañeros se quedan en Lemnos, encontrando amantes y, en algunas versiones, engendrando una nueva generación. El episodio refleja la tensión entre el deber heroico (seguir el viaje) y la tentación del placer y la vida cómoda. Finalmente, advertidos por Heracles o por mensajes divinos, los Argonautas abandonan la isla para no olvidar su misión.

Encuentros peligrosos en Tracia: el rey Fineo y las Arpías



Tras Lemnos, la Argo llega a las costas de Tracia, donde reina el anciano Fineo, un adivino ciego castigado por los dioses. Por haber revelado demasiado sobre el futuro de los hombres, Zeus lo ha condenado a una tortura terrible: cada vez que intenta comer, unas criaturas aladas, las Arpías, descienden sobre su mesa, le roban la comida y ensucian los restos con sus excrementos. Fineo vive en perpetuo hambre y humillación.

Conmovidos por este castigo, los Argonautas deciden ayudarlo. Entre ellos se encuentran los Boréadas, Zetes y Calais, hijos del dios del viento Bóreas, capaces de volar gracias a sus alas. Ellos persiguen a las Arpías por el aire y las ahuyentan hasta las llamadas Islas Estrofades. Dependiendo de la versión, las Arpías son finalmente espantadas para siempre o se les impone un límite geográfico más allá del cual no pueden ir.

En gratitud, Fineo revela a los Argonautas información crucial para su viaje: la forma de atravesar un peligro mortal que les aguarda más adelante, las Rocas Cianeas o Simplégades, dos enormes peñascos móviles en la entrada del mar Negro que chocan entre sí y destrozan todo lo que pasa entre ellos.

El paso de las Simplégades: la prueba del mar Negro



Las Simplégades (o Rocas Cianeas) son uno de los episodios más célebres del viaje. Se dice que estas rocas se mueven y se golpean con furia cuando algo intenta pasar entre ellas. Ningún barco ha logrado atravesarlas sin ser destruido. Fineo da a Jasón un consejo: antes de intentar el cruce, debe soltar una paloma. Si la paloma logra pasar y solo pierde unas plumas, será señal de que el barco puede hacerlo también, navegando a toda velocidad detrás de ella.

Siguiendo este consejo, los Argonautas liberan una paloma. La pequeña ave vuela entre las rocas justo cuando estas se cierran, perdiendo apenas el extremo de su cola. Animados por el presagio favorable, los Argonautas reman con todas sus fuerzas, asistidos por el impulso de Atenea. La Argo atraviesa el estrecho en el instante crítico: las rocas la rozan, rompen parte de su popa, pero el barco sobrevive.

Después de este paso, las Simplégades quedan inmóviles, como presas de un hechizo. El mito explica así, de forma mítica, el acceso al mar Negro, y subraya que los Argonautas inauguran una nueva era de navegación y conocimiento de territorios lejanos.

Llegada al Ponto Euxino y aventuras intermedias



Una vez en el Ponto Euxino, los Argonautas continúan su viaje bordeando las costas septentrionales de Asia Menor camino de Cólquide. En estas regiones remotas, se encuentran con pueblos y seres extraños que encarnan los límites del mundo conocido.

Entre las múltiples aventuras, algunas versiones mencionan:

- Un encuentro con las Amazonas, temidas mujeres guerreras descendientes de Ares, que viven sin hombres y combaten con ferocidad.
- Una escala en una isla habitada por aves estinfálidas, criaturas aladas con plumas cortantes como flechas.
- Visitas a diversos reyes y comunidades que representan los distintos modos de vida en los márgenes del mundo griego: tribus nómadas, sociedades guerreras, pueblos asociados con la magia o la barbarie.

No todas las variantes del mito detallan estas paradas; el foco central permanece en la meta final: Cólquide y el rey Eetes.

Cólquide: el reino de Eetes al pie del Cáucaso



Cólquide se encuentra en el extremo oriental del mar Negro, en una región montañosa, a los pies del Cáucaso. Esta zona se percibe en la imaginación griega como un confín del mundo, una tierra de recursos fabulosos y misterios terribles. No es casualidad que allí, encadenado a una roca, sufra también Prometeo el castigo de Zeus, con un águila que devora cada día su hígado regenerado.

El rey de Cólquide es Eetes, hijo del dios Helios (el Sol) y hermano de Circe y Pasífae. Se trata por tanto de una estirpe marcada por la magia y lo sobrenatural. Eetes es poderoso, orgulloso y ferozmente protector del Vellocino de Oro, que cuelga en su reino como emblema supremo de su poder. No tiene ninguna intención de entregarlo a extranjeros.

Con Eetes vive su hija Medea, una princesa-hechicera de enorme importancia en el mito. Discípula de Hécate, diosa de la magia y de las encrucijadas, Medea domina pócimas, conjuros y artes oscuras. Su figura se convertirá en el eje dramático de la empresa de Jasón en Cólquide.

El encuentro de Jasón y Medea: amor y manipulación divina



Cuando los Argonautas llegan a Cólquide y Jasón se presenta ante Eetes, expone con franqueza su petición: desea el Vellocino de Oro. Eetes, irritado pero también intrigado por la audacia del joven, impone unas pruebas imposibles antes de siquiera considerar la entrega del tesoro.

Mientras tanto, entre las alturas del Olimpo, Hera y Atenea buscan asegurar el éxito de Jasón. Acuden a Afrodita, diosa del amor, y le piden que inspire en Medea una pasión irresistible por el héroe. Afrodita, con la ayuda de su hijo Eros, lanza la flecha del deseo sobre Medea.

Cuando Medea ve a Jasón, queda profundamente enamorada. No es un amor sereno, sino un fuego devastador que la pone en conflicto con su padre, su patria y sus propias lealtades familiares. A partir de aquí, Medea se convierte, a la vez, en aliada indispensable de Jasón y en víctima de una red de manipulaciones divinas.

Las pruebas de Jasón impuestas por Eetes



Eetes lanza a Jasón un desafío diseñado para matarlo. Si logra superarlo, le dará el Vellocino de Oro; si fracasa, morirá, y la empresa de los Argonautas quedará en nada. Las pruebas varían según los relatos, pero la versión más difundida incluye tres tareas principales:


  • Uncir dos toros monstruosos a un arado.

  • Abrir con ese arado surcos en un campo sagrado y sembrar en ellos dientes de dragón.

  • Enfrentar a los guerreros nacidos de esos dientes, la “semilla armada”.



Los toros, regalo de Hefesto a Eetes, expulsan fuego por la boca y las narinas, y su fuerza es sobrehumana. Ningún hombre normal podría acercarse a ellos sin ser quemado o aplastado. Además, el campo donde Jasón debe arar y sembrar está consagrado a Ares, lo que añade un componente sacro y peligroso a la tarea.

Medea, desesperada por el amor que siente, decide ayudarlo en secreto. Se reúne con Jasón y le entrega un ungüento mágico, preparado con hierbas recogidas bajo la luz de la luna y con el poder de Hécate. Este ungüento, aplicado en el cuerpo y las armas, vuelve a Jasón resistente al fuego y al hierro durante un día. También le da consejos para afrontar a los guerreros que nacerán de los dientes de dragón: deberá sembrarlos y luego provocar que los recién nacidos se ataquen entre ellos.

La hazaña en el campo de Ares: astucia y magia



Armado con el ungüento y con el valor reforzado por la promesa de Medea, Jasón se presenta ante Eetes para realizar la prueba. Los colcos se congregan para presenciar el espectáculo, esperando su muerte. Jasón, protegido por la magia de Medea, soporta el fuego de los toros cuando los sujeta por los cuernos y, con gran esfuerzo, consigue uncirlos al arado.

Guía a las bestias a través del campo sagrado, abriendo profundos surcos en la tierra. Después, toma los dientes de dragón que Eetes le ha entregado (probablemente los que quedaban del dragón muerto por Cadmo en Tebas, según algunas tradiciones) y los siembra en los surcos como si fueran semillas.

De la tierra, en cuanto los dientes se entierran, comienzan a surgir hombres armados, nacidos plenamente equipados con escudos, lanzas y cascos: son los llamados “espartos” (no confundir con los de Tebas). Estos guerreros se lanzan contra Jasón. Siguiendo la instrucción de Medea, el héroe arroja una piedra invisible en medio de ellos. Los guerreros, ignorando el origen del ataque, se vuelven unos contra otros, cada uno creyendo que el vecino le ha lanzado la piedra. Se produce un combate fratricida y, al final, la mayoría cae muerto. Jasón solo tiene que rematar a los pocos supervivientes.

Así, el héroe completa lo que parecía una empresa mortal, gracias a una combinación de valor, astucia y, sobre todo, la magia de Medea y la ayuda encubierta de los dioses.

El robo del Vellocino de Oro



A pesar de que Jasón ha cumplido las condiciones, Eetes no muestra intención de cumplir su promesa. Furioso al ver que su trampa ha fracasado, trama nuevas formas de eliminar al héroe y a sus compañeros. Medea, consciente del peligro y desgarrada entre su lealtad familiar y su pasión, decide finalmente traicionar a su padre y huir con Jasón.

Ella conoce el lugar exacto donde se guarda el Vellocino de Oro: un árbol en el bosque sagrado de Ares, vigilado por un dragón que nunca duerme. Dependiendo de la versión, Medea adormece al dragón con hechizos, cánticos y pócimas, o lo mata directamente con venenos. En otras, Jasón participa activamente en el combate, acuchillando a la bestia mientras está bajo el efecto del sortilegio.

Una vez neutralizado el dragón, Jasón desata el Vellocino de Oro y lo alza triunfante. Descrito como una piel resplandeciente, que irradia un fulgor dorado casi sobrenatural, el Vellocino simboliza la victoria sobre fuerzas monstruosas y la apropiación de un poder ajeno.

Medea, sabiendo que no habrá perdón si se queda, emprende la huida con Jasón y los Argonautas. En algunas versiones, ella lleva consigo a su hermano Apsirto; en otras, Apsirto los persigue posteriormente, dando lugar a uno de los episodios más oscuros del mito.

La huida de Cólquide y el crimen de Apsirto



Eetes, al descubrir el robo del Vellocino y la traición de su hija, lanza una persecución encarnizada. En algunas variantes, envia a su hijo Apsirto (o Absirto) al mando de una flota para capturar a Medea y a los Argonautas. Según otras, Medea huye llevándose a su hermano niño como rehén.

Sea como fuere, el destino de Apsirto es trágico. En una de las versiones más difundidas, Jasón y Medea se encuentran con él en una isla o en un santuario y lo matan a traición, descuartizando su cuerpo. Medea esparce los miembros en el mar, obligando a Eetes a detener la persecución para recoger y enterrar dignamente a su hijo.

En otra tradición, Apsirto es asesinado en una emboscada y luego, arrebatado por las olas, se convierte en un héroe local. En cualquiera de los casos, el acto mancha irremediablemente la empresa con un crimen de sangre familiar, y Medea se convierte no solo en una hechicera traidora, sino también en fratricida.

Por este motivo, más adelante, los Argonautas deberán someterse a ritos de purificación para expiar el asesinato de Apsirto. Este episodio refuerza la dimensión moralmente ambigua del mito: el éxito heroico se tiñe de violencia y sacrilegio.

El regreso: rutas cambiantes y nuevas pruebas



El regreso de los Argonautas a Grecia es, en muchas versiones, más difícil y enrevesado que la ida. No vuelven por el mismo camino de manera sencilla, sino que se internan por rutas alternativas, a menudo explicadas como intentos míticos de dar cuenta de otras geografías conocidas por los griegos.

Hay tradiciones que narran cómo la Argo se adentra en ríos y canales que la llevan a través de Europa interior, el Danubio y otros grandes cursos de agua, hasta alcanzar el mar Adriático. Otras hacen pasar a la nave cerca de Cerdeña, Sicilia y la península Itálica. En cualquier caso, el viaje de regreso sirve para multiplicar los encuentros extraordinarios.

La isla de Circe: purificación y parentescos oscuros



En su ruta de retorno, los Argonautas llegan a la isla de Circe, la célebre hechicera que más tarde jugará un papel crucial en la Odisea de Homero. Circe es tía de Medea (ambas hijas de Helios o, según otras genealogías, de dioses relacionados), de modo que el encuentro es también un reencuentro familiar.

Medea y Jasón acuden a Circe buscando purificación por el asesinato de Apsirto. En el mundo griego, el homicidio, sobre todo el crimen contra un pariente, genera una mancha ritual (miasma) que solo puede limpiarse mediante ritos especiales. Circe, pese a su propia inclinación hacia la magia peligrosa, oficia ceremonias para intentar limpiar, al menos parcialmente, la culpa de la pareja.

Este episodio resalta otro tema central: todo logro heroico tiene un precio, y la sangre derramada no desaparece sin dejar huella. Aunque purificados ritualmente, Jasón y Medea no podrán escapar al peso moral de sus actos, que se manifestará con especial fuerza en su destino posterior en Corinto.

Las Sirenas: el poder de Orfeo



En algunas versiones, la Argo pasa junto a las Sirenas, las mismas criaturas híbridas que intentarán perder a Odiseo más tarde. Estos seres, con cuerpo de ave y cabeza de mujer (en las representaciones más antiguas) o como mujeres de voz irresistible, entonan cantos capaces de atraer a los marineros hacia las rocas para que naufraguen.

Los Argonautas, advertidos del peligro, no tapan sus oídos con cera, como harán los compañeros de Odiseo, sino que confían en Orfeo. Cuando las Sirenas comienzan su canto hechicero, Orfeo saca su lira y toca una música tan hermosa y armoniosa, inspirada en el orden cósmico, que los Argonautas prefieren escucharle a él y no sucumben al llamado de las Sirenas.

Este pasaje simboliza el poder civilizador del arte y la música frente a la seducción mortal de lo irracional. El canto de Orfeo se alza como contrapunto del canto destructor de las Sirenas.

Escila, Caribdis y otros monstruos marinos



En el trayecto de regreso, algunas tradiciones hacen pasar a la Argo por el estrecho donde habitan Escila y Caribdis, los peligros marinos también famosos en la Odisea. Escila es un monstruo de múltiples cabezas caninas, que devora a los marineros que se acercan demasiado, mientras que Caribdis es un remolino gigantesco que traga y vomita el agua del mar, hundiendo barcos enteros.

Hera y otras deidades intervienen para proteger a la Argo de estas amenazas, guiándola a través del paso estrecho sin que caiga en una u otra perdición. De este modo, el viaje de Jasón se entreteje con el de Odiseo y otros relatos, mostrando un universo mítico compartido.

La estancia en la isla de los Feacios



Otro episodio relevante se desarrolla en la isla de los Feacios (Phaeacia), probablemente localizada míticamente en algún punto del mar Jónico. Los Feacios son un pueblo refinado, cercano a los dioses, famoso por su hospitalidad hacia los navegantes. En la Odisea, serán quienes ayuden a Odiseo a volver a Ítaca; en el mito de Jasón, también aparecen como anfitriones cruciales.

En algunas tradiciones, Eetes envía emisarios a la corte feacia reclamando la devolución de Medea, argumentando que ha sido raptada. Los Feacios, ateniéndose a sus leyes de hospitalidad, deciden que si Medea y Jasón se han unido legítimamente, ya no puede ser devuelta a su padre. Por ello, apresuran su matrimonio, a menudo realizando la boda en un santuario local. De este modo, el vínculo entre Jasón y Medea pasa de ser solo un pacto de aliados a una unión oficial reconocida por la comunidad.

La protección feacia permite que la Argo retome su viaje sin que Medea sea reclamada con éxito, consolidando la fuga.

El regreso a Yolco: venganza contra Pelias



Finalmente, tras muchas peripecias, los Argonautas regresan a Yolco con el Vellocino de Oro. Jasón presenta el trofeo ante Pelias, demostrando que ha cumplido la misión que se le había impuesto. Pero el usurpador no tiene intención de resignarse fácilmente.

Mientras Jasón ha estado ausente, Pelias ha cometido diversos abusos, incluyendo el crimen de haber obligado al padre de Jasón, Esón, a suicidarse o de haberlo matado directamente, según algunas versiones. La madre de Jasón, devastada, se ha quitado la vida. Esto añade una dimensión de venganza personal a la confrontación.

Medea, una vez más, desempeña el papel clave. Decide acabar con Pelias utilizando su astucia y su magia. Maestra en pócimas rejuvenecedoras, diseña un engaño diabólico: convoca a las hijas de Pelias y les muestra un “milagro”. Toma un carnero viejo, lo corta en pedazos, los hierve en un caldero con hierbas secretas y, tras sus conjuros, del caldero emerge un cordero joven y vigoroso.

Las hijas de Pelias, maravilladas, creen que Medea puede devolverle la juventud a su anciano padre. De acuerdo con las indicaciones de la hechicera, ellas mismas descuartizan a Pelias y arrojan sus miembros al caldero, esperando verlo renacer. Pero Medea no añade los ingredientes necesarios ni realiza el conjuro completo. Pelias muere sin resurrección posible.

Este acto, aunque cumple la venganza de Jasón, constituye también un crimen sacrílego y brutal. El asesinato de un rey mediante engaño mágico provoca la indignación de la ciudad. Jasón y Medea, lejos de ser aclamados, se ven obligados a exiliarse de Yolco, dejando el trono a otro, a menudo el hijo de Pelias, Acasto, según algunas fuentes.

Jasón y Medea en Corinto: gloria efímera y tragedia



Tras abandonar Yolco, Jasón y Medea se establecen en Corinto, una ciudad importante en el istmo que une el Peloponeso con Grecia central. Allí pasan un tiempo relativamente próspero, teniendo varios hijos y gozando de cierta posición social.

Sin embargo, el carácter ambicioso de Jasón y la carga de su pasado acaban por confluir en una tragedia mayor. En el célebre drama “Medea” de Eurípides, se narra cómo Jasón, buscando poder político y estabilidad, decide repudiar a Medea para casarse con Glauce (o Creúsa), hija del rey Creonte de Corinto. Este matrimonio le abriría el camino a un trono prestigioso.

Medea, traicionada, ultrajada y consciente de los sacrificios que ha hecho por Jasón —abandonar a su familia, su patria, cometer crímenes por él—, planea una venganza terrible. Finge aceptar la situación, pero envía a Glauce un vestido y una corona impregnados de veneno. Cuando la joven princesa se los coloca, la sustancia la devora en llamas o la envenena mortalmente, y Creonte muere al intentar socorrerla.

El acto más espantoso, sin embargo, es que Medea mata a sus propios hijos, fruto de su unión con Jasón, para infligirle a este el máximo sufrimiento imaginable y evitar que sus descendientes sean utilizados políticamente por sus enemigos. Huyendo en un carro alado proporcionado por su abuelo Helios, Medea escapa, dejando a Jasón hundido en la desolación y sin herencia.

Aunque este desenlace pertenece sobre todo a la tradición trágica posterior, muestra la culminación del arco narrativo iniciado con el viaje de los Argonautas. La empresa heroica que trajo gloria a Jasón termina rodeada de muerte, traición y destrucción familiar.

El final de Jasón: el héroe olvidado



En la mayoría de las tradiciones, el final de Jasón es melancólico. Tras perderlo todo —su esposa, sus hijos, su promesa de realeza—, el héroe envejece solo, sin gloria, convertido en una figura casi marginal. Acaba encontrando refugio junto a la vieja nave Argo, ya varada y en desuso.

El destino final de Jasón se describe con gran ironía trágica: mientras duerme bajo la quilla podrida del barco que una vez lo llevó a la fama, una viga o fragmento del casco se desprende y cae sobre él, matándolo. Así, muere aplastado por el símbolo mismo de sus hazañas pasadas.

Este final sugiere una profunda reflexión sobre la naturaleza de la gloria heroica: esplendor efímero que no garantiza una vida plena ni una muerte digna. La grandeza de Jasón se ve desmentida por un final casi vulgar, como si la propia Argo, testigo silenciosa de sus éxitos y fracasos, sellara con su peso el destino del héroe.

Simbolismo y lecturas del viaje de los Argonautas



El viaje de Jasón y los Argonautas ha sido interpretado de múltiples maneras a lo largo de los siglos. Más allá de la narración de aventuras, el mito condensa una serie de temas y símbolos:

- Es un viaje iniciático: Jasón pasa de la juventud protegida a la adultez marcada por decisiones morales complejas. Atravesar mares desconocidos, enfrentarse a monstruos, desafiar a reyes extranjeros y depender de aliados ambiguos (como Medea) simboliza el paso de la ignorancia a la experiencia.
- Es un relato de exploración y colonización: Geográficamente, la ruta al Ponto Euxino y a Cólquide refleja el movimiento real de los griegos hacia el mar Negro, donde fundaron colonias y se relacionaron con pueblos de la región del Cáucaso.
- Explora las tensiones entre civilización y barbarie: Grecia se define a sí misma frente a los pueblos lejanos, pero el mito no presenta a los colcos como meros salvajes; son también poseedores de poder sagrado y de magia. La barbarie aparece tanto en el extranjero como en los actos de los propios héroes.
- Plantea preguntas sobre justicia y legitimidad: Pelias es un usurpador, pero Jasón también recurre al engaño y al asesinato. El Vellocino se presenta como un símbolo de poder que se arrebata sin un fundamento moral del todo claro.
- Examina la figura de la mujer poderosa: Medea es una figura central, una hechicera que no encaja en los roles femeninos tradicionales. Ama, ayuda, traiciona, mata, y su inteligencia y magia son tanto salvación como amenaza. Encara la cuestión de la alteridad femenina en el mundo patriarcal griego.
- Reflexiona sobre la cooperación heroica: Los Argonautas representan un grupo de héroes que deben trabajar juntos. No hay un solo protagonista absoluto; el éxito depende de la combinación de fuerzas y talentos diversos.

Influencia cultural y legado del mito



El mito de Jasón y los Argonautas ha ejercido una influencia profunda en la literatura, el arte y la cultura occidental:

- En la literatura antigua, inspiró a poetas como Apolonio de Rodas, Píndaro y, en el mundo romano, a Valerio Flaco y Ovidio, que retomaron episodios como el de Medea.
- En la tragedia, Eurípides elevó la figura de Medea al rango de arquetipo trágico, explorando con intensidad la psicología de la mujer traicionada y la barbarie que puede surgir del amor ofendido.
- En el arte, desde el período clásico hasta el renacimiento y el barroco, abundan representaciones escultóricas, cerámicas y pictóricas de escenas como el arado de los toros de fuego, el combate con el dragón guardián del Vellocino o el encantamiento de Medea.
- En la época moderna y contemporánea, el viaje de los Argonautas ha sido reinterpretado en novelas, obras de teatro, poemas, cómics y películas, destacando adaptaciones que muestran a Jasón como un héroe romántico o cuestionan su moralidad, y que otorgan a Medea un papel aún más complejo.

El relato ha sido comparado con otras épicas de viaje, como la búsqueda del Santo Grial en la tradición artúrica, y se ha visto como un precursor de la narrativa de aventuras y de las historias de “viajes imposibles” hacia tierras exóticas y peligrosas.

Conclusión: el viaje como espejo del mundo griego



El viaje de Jasón y los Argonautas condensa la esencia de la mitología griega: héroes con virtudes y defectos, dioses que aman, odian y manipulan, paisajes míticos que mezclan geografía real y fantasía, y una profunda meditación sobre el destino humano.

A través de la Argo, los griegos imaginaron la expansión de su mundo, el contacto con otras culturas y el riesgo de ir más allá de los límites conocidos. En el Vellocino de Oro plasmaron el deseo de riqueza, prestigio y legitimidad. En Medea, la fuerza ambivalente de la pasión, la magia y la alteridad femenina. En Jasón, el héroe que alcanza la gloria pero no la felicidad, proyectaron sus propias dudas sobre el sentido último de la fama y el poder.

Así, más que una simple aventura marinera, la expedición de los Argonautas se alza como un espejo de la mentalidad griega antigua y un relato universal sobre el precio del deseo, la ambición, la traición y el inexorable paso del tiempo sobre la gloria humana.

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