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Bacalao

Bacalao

Introducción al bacalao en el reino Animalia



El bacalao es uno de los peces más conocidos, estudiados y aprovechados por el ser humano, tanto desde el punto de vista biológico como económico y cultural. Cuando hablamos de “bacalao” en sentido estricto, solemos referirnos sobre todo al bacalao del Atlántico, cuyo nombre científico es Gadus morhua, una de las especies marinas más emblemáticas de la familia Gadidae. No obstante, bajo el nombre común “bacalao” también se incluyen otras especies afines, como el bacalao del Pacífico (Gadus macrocephalus) y el bacalao de Groenlandia (Gadus ogac), además de otros “parientes” denominados coloquialmente bacalaos aunque no pertenezcan exactamente al mismo género.

Dentro del reino Animalia, el bacalao es un vertebrado acuático, un pez óseo marino que ocupa un nicho ecológico complejo en aguas frías y templadas, especialmente del Atlántico Norte. Es un depredador oportunista, de importancia clave en las cadenas tróficas marinas, y al mismo tiempo es una de las especies históricamente más explotadas por la pesca industrial, hasta el punto de convertirse en símbolo de la sobreexplotación pesquera y de la necesidad de una gestión sostenible de los recursos marinos.

La figura del bacalao trasciende la biología: está profundamente ligada a la historia de la navegación, el comercio, la alimentación y la cultura de numerosos pueblos costeros. Entender al bacalao como animal implica explorar su taxonomía, morfología, comportamiento, reproducción, ecología y las amenazas que enfrenta en la actualidad.

Clasificación taxonómica del bacalao



Desde el punto de vista zoológico, el bacalao se sitúa en la siguiente clasificación básica:


  • Reino: Animalia

  • Filo: Chordata

  • Clase: Actinopterygii (peces con aletas radiadas)

  • Orden: Gadiformes

  • Familia: Gadidae

  • Género: Gadus

  • Especie principal: Gadus morhua (bacalao del Atlántico)



La familia Gadidae agrupa a diversos peces marinos de aguas frías y templadas, muchos de ellos de gran valor comercial (como eglefino, abadejo o carbonero). El género Gadus incluye los “bacalaos verdaderos”. Gadus morhua es el más emblemático, distribuido en el Atlántico Norte, mientras que Gadus macrocephalus habita el Pacífico Norte y Gadus ogac se encuentra en aguas árticas y subárticas de Groenlandia y regiones cercanas.

Aunque todas estas especies comparten rasgos morfológicos y ecológicos similares, el bacalao del Atlántico es el que ha tenido el mayor peso histórico y económico, y sobre el que existe más información científica detallada.

Distribución geográfica y hábitat



El bacalao del Atlántico se distribuye ampliamente por el Atlántico Norte, tanto en el lado americano como en el europeo. Sus principales áreas de presencia incluyen:
- Mar del Norte
- Mar de Barents
- Costas de Noruega, Islandia y Groenlandia
- Banco de Terranova y región de Labrador en Canadá
- Aguas de Nueva Inglaterra y sector nororiental de Estados Unidos
- Algunos sectores del mar Báltico y áreas adyacentes

Es una especie típicamente marina, aunque puede tolerar cierto rango de salinidades, razón por la cual algunas poblaciones penetran en fiordos y zonas costeras menos salinas, e incluso en estuarios.

Prefiere aguas frías a templadas, normalmente entre 2 y 10 °C, aunque puede encontrarse en un abanico térmico algo mayor. El bacalao es principalmente demersal, es decir, vive asociado al fondo marino o a sus proximidades, si bien en muchos momentos de su ciclo vital se desplaza también a la columna de agua, sobre todo en fases de alimentación o migración.

Puede encontrarse desde profundidades relativamente someras (20–30 m) hasta varios cientos de metros, en ocasiones más de 600 m, dependiendo de la región, la temperatura y la disponibilidad de alimento. Los fondos preferidos suelen ser blandos, arenosos o fangosos, pero también aparece en zonas con mezcla de grava y rocas, donde encuentra refugio y recursos alimenticios variados.

Morfología y características físicas



El bacalao presenta una fisonomía muy característica y fácilmente reconocible entre los peces marinos comerciales:

El cuerpo es alargado, robusto y ligeramente comprimido lateralmente, con una cabeza relativamente grande y un hocico más bien romo. Una de sus señas de identidad es la presencia de una pequeña barbillón (o “bigote”) en la mandíbula inferior, dotado de quimiorreceptores que le ayudan a explorar el sustrato y localizar alimento.

La boca es amplia, con mandíbulas provistas de pequeños dientes cónicos. Los ojos son de tamaño moderado, bien adaptados a ambientes de baja luminosidad, propios de aguas profundas y turbias.

En cuanto a sus aletas, el bacalao tiene tres aletas dorsales consecutivas bien definidas y dos aletas anales, lo que lo distingue fácilmente de muchos otros peces. La aleta caudal suele ser moderadamente ahorquillada o algo recta, y las aletas pectorales se sitúan justo detrás del opérculo branquial. Entre las aletas pectorales y la cabeza se localizan unas aletas pélvicas relativamente cortas.

La línea lateral, órgano sensorial clave que detecta vibraciones y movimientos en el agua, está muy marcada y recorre el flanco del animal desde detrás de la cabeza hasta la base de la aleta caudal, siguiendo una suave curvatura.

Tamaño, peso y longevidad



El tamaño del bacalao varía según la población, la disponibilidad de alimento y la presión pesquera. Históricamente se describen ejemplares gigantescos, pero en la actualidad es más frecuente encontrar individuos de tallas medias.

Un bacalao adulto típico puede alcanzar entre 50 y 100 cm de longitud, con pesos que oscilan entre 2 y 12 kg, aunque no es raro, en poblaciones bien conservadas, encontrar individuos de más de 1 metro. En condiciones óptimas se han registrado ejemplares que superan los 150 cm y los 30–40 kg, aunque estos grandes “patriarcas” son mucho menos frecuentes hoy en día.

La longevidad también se ha visto influida por la explotación pesquera. El bacalao puede superar los 20 años de edad en ambiente natural, pero en muchas poblaciones explotadas la mayoría de los individuos capturados son mucho más jóvenes. La edad se determina a menudo mediante el análisis de los otolitos (estructuras calcáreas del oído interno), que permiten conocer el ritmo de crecimiento a lo largo de la vida.

Coloración y patrones externos



La coloración del bacalao es variable y depende del entorno, de la profundidad y, en parte, del sustrato sobre el que vive. Por lo general, el dorso muestra tonalidades pardas, verdosas u oliváceas, con manchas irregulares más oscuras, mientras que los flancos se aclaran hacia colores cremosos, amarillentos o plateados, y el vientre es blanco o blanquecino.

Este patrón contribuye a un cierto camuflaje: visto desde arriba, el pez se confunde con los fondos oscuros; desde abajo, contrasta menos contra la luz que proviene de la superficie. Además, la intensidad cromática puede cambiar según el estado fisiológico del animal, la época del año o el estrés.

La línea lateral suele ser más clara y bien visible, a veces de un tono blanquecino o amarillento que contrasta ligeramente con el resto del cuerpo.

Fisiología y adaptaciones al medio marino



Como pez óseo marino, el bacalao presenta adaptaciones específicas a su entorno. Su sistema de flotación se basa en una vejiga natatoria que le ayuda a regular la posición en la columna de agua con un gasto energético relativamente bajo, facilitando la transición entre hábitats demersales y pelágicos.

En términos de osmorregulación, el bacalao está perfectamente adaptado a vivir en agua salada. Sus riñones y branquias desempeñan un papel fundamental en la excreción de sales y el mantenimiento del equilibrio hídrico interno. Esta fisiología le permite tolerar variaciones moderadas de salinidad, algo útil para penetrar en fiordos y zonas costeras con aportes de agua dulce.

Su musculatura está bien desarrollada, orientada a una natación sostenida más que a aleteos explosivos. Puede recorrer grandes distancias en migraciones tróficas o reproductoras, manteniendo un gasto energético razonable.

La visión, el olfato y la línea lateral son esenciales para orientarse, encontrar alimento y detectar depredadores o presas. La presencia del barbillón táctil y quimiosensorial refuerza su capacidad de detectar comida en fondos blandos o con poca visibilidad.

Comportamiento general y organización social



El bacalao es un pez que puede formar grandes cardúmenes, sobre todo en determinadas etapas de su vida y en zonas con abundante alimento. Esta tendencia a la agrupación es particularmente evidente en juveniles y en adultos durante ciertas migraciones tróficas o reproductoras.

No siempre vive en grandes bancos compactos; también puede distribuirse en agregaciones más difusas, con individuos relativamente espaciados pero asociados a áreas de fondo con buena disponibilidad de presas. En algunos casos, especialmente ejemplares grandes y maduros, se observa un comportamiento más bien solitario o en grupos pequeños.

Manifiesta patrones de actividad que pueden adaptarse al ciclo luz-oscuridad, pero también a la dinámica de las mareas y al movimiento de las masas de agua. En aguas profundas, la variación de luz es menor y los ritmos pueden estar más ligados a la disponibilidad de alimento y a señales ambientales como temperatura y corrientes.

Es un pez curioso y oportunista: investiga cavidades, estructuras del fondo y bancos de invertebrados, aprovechando cualquier recurso alimenticio accesible. Esta flexibilidad comportamental es una de las razones de su éxito ecológico, pero también lo hace vulnerable a sistemas de pesca que explotan justamente su tendencia a agregarse.

Alimentación y papel trófico



El bacalao es un depredador generalista. Su dieta cambia a lo largo de su vida y depende de la talla, la región y la temporada, pero en líneas generales puede considerarse un importante consumidor de niveles intermedios de la cadena trófica marina.

En las fases juveniles tempranas consume principalmente pequeños crustáceos planctónicos, como copépodos y otros invertebrados. A medida que crece, incorpora presas de mayor tamaño, incluyendo:
- Crustáceos bentónicos (camarones, cangrejos pequeños, anfípodos)
- Moluscos (bivalvos, cefalópodos pequeños)
- Peces de menor tamaño (arenques, capelanes, lanzones, juveniles de otras especies, incluso de su propia especie si la oportunidad se presenta)

El bacalao se alimenta tanto en el fondo (bentos) como en la columna de agua (pelágico). Puede perseguir bancos de peces pelágicos, pero también rastrear el sustrato buscando invertebrados. Esta capacidad de explotar diferentes estratos aumenta su versatilidad ecológica.

Al ocupar una posición de depredador medio-alto, el bacalao ejerce una influencia reguladora sobre numerosas poblaciones de presas. Cuando sus abundancias cambian drásticamente —por sobrepesca, por ejemplo—, pueden desencadenarse efectos en cascada sobre el ecosistema, alterando no solo las poblaciones de presas directas, sino también las de otros depredadores y competidores.

Depredadores naturales



A pesar de ser un depredador eficiente, el bacalao también tiene enemigos naturales. En las etapas de huevo y larva, es extremadamente vulnerable a numerosos consumidores planctívoros: otros peces, invertebrados marinos y zooplancton depredador.

Los juveniles son presa de peces mayores, aves marinas buceadoras y algunos mamíferos marinos. Los adultos, sobre todo los de menor tamaño, pueden ser depredados por:
- Focas y otras pinnípedos
- Grandes peces depredadores como el eglefino grande, algunos escualos o grandes bacalaos
- Cetáceos de menor tamaño, en función de la región

La interacción con mamíferos marinos, como las focas, ha generado históricamente polémicas en el ámbito de la pesca, al atribuirse a estos mamíferos una parte de la mortalidad sobre poblaciones ya sobreexplotadas por el ser humano, aunque la ciencia muestra que la sobrepesca es el factor decisivo en el declive de muchas poblaciones.

Reproducción y ciclo de vida



El bacalao presenta una estrategia reproductiva de tipo “r”: produce un número muy elevado de huevos, con escasa inversión parental posterior, confiando en que, por pura probabilidad, una fracción de ellos alcance la adultez.

La madurez sexual se alcanza en general entre los 2 y 5 años de edad, dependiendo de la zona, el crecimiento y las condiciones ambientales. En poblaciones históricas poco explotadas, la madurez solía darse a tallas y edades mayores; la presión pesquera ha favorecido la reproducción a edades más tempranas, aunque esto puede tener consecuencias sobre la calidad de las puestas.

La reproducción suele concentrarse en zonas específicas de desove, donde se congregan grandes cantidades de adultos. Estas áreas reproductoras se sitúan normalmente en zonas con condiciones oceanográficas favorables para la supervivencia de huevos y larvas: corrientes que retienen o dispersan la descendencia de forma adecuada, temperaturas idóneas y abundancia de plancton.

Durante el período de desove, los machos cortejan a las hembras mediante movimientos específicos y vibraciones, generando parejas o pequeños grupos. La fecundación es externa: las hembras liberan enormes cantidades de huevos en la columna de agua, mientras los machos expulsan el esperma. Una hembra grande puede producir varios millones de huevos en una sola temporada.

Los huevos son pelágicos, flotan en la columna de agua y se desarrollan hasta eclosionar en larvas transparentes y diminutas, dependientes del zooplancton para alimentarse. Esta fase es especialmente delicada; la mortalidad es muy alta y está fuertemente influida por la temperatura, la calidad del plancton y la presencia de depredadores.

Conforme crecen, las larvas se transforman en juveniles y descienden gradualmente hacia zonas de mayor asociación con el fondo. Sin embargo, durante buena parte de su primer año siguen ligados a hábitats relativamente costeros o a áreas con estructuras (algas, sustratos complejos) que proporcionan refugio.

A lo largo de su vida, el bacalao puede realizar migraciones considerables entre zonas de alimentación y desove. Existen poblaciones fuertemente migratorias (como el famoso bacalao del mar de Barents que desova en la costa de Noruega) y otras más residentes, con movimientos más reducidos.

Hábitos estacionales y migraciones



En muchas poblaciones, el bacalao sigue un ciclo estacional bien definido. Las enormes agregaciones de desove se forman en ciertos meses, generalmente en invierno y principios de primavera, dependiendo de la región. Tras el desove, los adultos se dispersan hacia zonas de alimentación, a menudo más al norte o en aguas más profundas.

Estas migraciones están impulsadas por:
- Búsqueda de temperaturas óptimas
- Disponibilidad de presas, especialmente peces pelágicos que también siguen sus propios patrones migratorios
- Necesidad de retornar a los lugares de desove tradicionales, donde las condiciones han sido históricamente favorables para el reclutamiento de nuevos individuos

La fidelidad a determinadas áreas de desove y alimentación puede dar lugar a “stocks” o unidades de población relativamente diferenciadas, con rasgos genéticos y ecológicos propios. Esta estructura poblacional complica la gestión pesquera, porque la sobreexplotación de un stock concreto puede no ser compensada por la abundancia en otras regiones.

Ecología e importancia en el ecosistema



En los ecosistemas del Atlántico Norte, el bacalao actúa como una especie estructurante. Su función no se limita a consumir presas, sino que influye en la dinámica de todo el sistema:

- Regula poblaciones de peces pequeños y de invertebrados, ayudando a mantener un equilibrio entre diferentes niveles tróficos.
- Compite con otros depredadores de rango similar, como eglefinos, merluzas u otros gádidos, por recursos compartidos.
- Sirve de alimento a depredadores superiores, como focas, grandes peces pelágicos y algunos cetáceos, integrando así los niveles medios y altos de la cadena trófica.

En algunos casos, cuando el bacalao ha sido sobreexplotado, se ha observado un aumento de sus presas habituales (por ejemplo, algunos peces pelágicos pequeños o crustáceos) y una reorganización completa de las comunidades bentónicas y pelágicas. Estos cambios pueden ser difíciles de revertir incluso si, posteriormente, se reduce la presión pesquera.

Además, el bacalao interactúa indirectamente con hábitats como praderas de algas, fondos de arena y zonas rocosas, influyendo sobre especies filtradoras, bioturbadoras y otros componentes clave del ecosistema.

Diversidad de especies conocidas como “bacalao”



Aunque el protagonista principal es Gadus morhua, bajo el nombre de “bacalao” se agrupan varias especies biológicamente cercanas o funcionalmente similares:

- Bacalao del Pacífico (Gadus macrocephalus): habita el Pacífico Norte, con rasgos ecológicos en buena parte comparables a los del bacalao atlántico, aunque adaptado a características oceanográficas diferentes.
- Bacalao de Groenlandia (Gadus ogac): se distribuye en aguas frías árticas y subárticas, con un cuerpo algo más alargado y una ecología asociada a condiciones más extremas de temperatura.
- Otras especies de gádidos: aunque no pertenecen al género Gadus, algunas reciben nombres comunes relacionados con el bacalao (por ejemplo, el “pollock” o abadejo), compartiendo ciertos atributos morfológicos y ecológicos.

Esta diversidad refleja una historia evolutiva marcada por la adaptación a distintas cuencas oceánicas, temperaturas, profundidades y regímenes de corrientes, pero conservando un “patrón” de pez demersal de aguas frías, depredador generalista y de alto interés trófico.

Relación con el ser humano: pesca e importancia económica



Pocas especies marinas han tenido una relación tan intensa y prolongada con el ser humano como el bacalao. Desde la Edad Media, y quizá antes, comunidades costeras de Europa y América del Norte han dependido de él como fuente de proteína, materia prima comercial y motor de expansión marítima.

Históricamente, grandes pesquerías se desarrollaron en:
- Banco de Terranova y Labrador
- Mar del Norte
- Costas de Islandia y Noruega
- Mar de Barents y regiones árticas accesibles

La facilidad para conservar el bacalao mediante salazón y secado (el clásico bacalao salado) permitió almacenarlo y transportarlo largas distancias, convirtiéndolo en un pilar del comercio internacional durante siglos. Fue alimento básico en largas travesías marinas, en ejércitos y en regiones alejadas de la costa.

El bacalao se explota mediante diversos artes de pesca: arrastre de fondo, palangre, redes de enmalle y artes tradicionales costeras. La industrialización de la pesca en el siglo XX, con barcos factoría y sistemas de localización avanzados, incrementó de forma drástica las capturas, alcanzando picos históricos antes de que se evidenciaran los efectos de la sobreexplotación.

Hoy en día, el bacalao sigue siendo un recurso muy valioso para muchas naciones, pero la gestión pesquera se enfrenta al reto de equilibrar la explotación económica con la conservación biológica. Se han establecido cuotas, vedas, tallas mínimas y otras regulaciones, con resultados variables según la región y el cumplimiento efectivo de las normas.

Aspectos culturales y gastronómicos (desde la mirada zoológica)



Aunque esta descripción se centra en el bacalao como animal, su enorme relevancia gastronómica y cultural está directamente ligada a su biología: su carne firme y blanca, su alto rendimiento, la facilidad de conservación y su sabor particular han hecho de él un ingrediente central en la cocina de múltiples países.

La posibilidad de secar y salar el bacalao se debe, en parte, a su estructura muscular y a su contenido en grasa relativamente moderado (excepto en el hígado, que es muy rico en aceites). Esta combinación permitió, desde muy pronto, un comercio a gran escala que influyó en rutas marítimas, acuerdos comerciales y hasta en la geopolítica.

En muchas culturas, el bacalao salado se asocia con platos tradicionales, festividades religiosas y períodos en los que se limitaba el consumo de carne de mamíferos terrestres. Desde el punto de vista zoológico, el cuerpo del bacalao se ha utilizado prácticamente “de la cabeza a la cola”: carne, hígado, huevas y hasta la piel han tenido usos alimentarios, medicinales o industriales.

Estado de conservación y amenazas



La situación de conservación del bacalao del Atlántico es compleja y varía considerablemente entre diferentes stocks. A nivel global, la especie no se considera extinta ni al borde de la desaparición, pero muchas de sus poblaciones más emblemáticas han sufrido colapsos históricos o fuertes declives.

El caso más famoso es el colapso de las pesquerías de bacalao en el Banco de Terranova, declarado formalmente en la década de 1990, cuando las poblaciones se redujeron a una fracción mínima de su tamaño original debido a décadas de sobrepesca intensa y mala gestión. A pesar de la imposición de moratorias y fuertes restricciones, la recuperación ha sido lenta y parcial, evidenciando que los ecosistemas afectados pueden entrar en estados alternativos difíciles de revertir.

Otras poblaciones, como algunas del mar de Barents o ciertas zonas de Islandia, han mostrado una capacidad de recuperación mayor bajo regímenes de gestión más estrictos y cooperativos. No obstante, la presión pesquera, tanto legal como ilegal, sigue siendo una amenaza constante.

Además de la sobrepesca, el bacalao enfrenta otros desafíos:
- Cambio climático y calentamiento de los océanos, que alteran la distribución de temperaturas óptimas, las corrientes y la disponibilidad de presas.
- Degradación de hábitats, especialmente en zonas costeras e influencia de técnicas de pesca de fondo que afectan la estructura del sustrato.
- Contaminación química y plástica, que puede impactar la salud de individuos y la calidad de las áreas de desove.

La combinación de estos factores complica las perspectivas futuras y exige estrategias de conservación integradas que consideren no solo la especie, sino el conjunto del ecosistema marino.

Adaptación al cambio climático y desplazamientos de distribución



El bacalao, al ser un pez de aguas frías y templadas, se ve particularmente afectado por el incremento de la temperatura del mar. A medida que las aguas superficiales se calientan, las condiciones óptimas para el bacalao pueden desplazarse hacia latitudes más altas o profundidades mayores.

En algunas regiones ya se han observado:
- Desplazamientos del rango de distribución hacia el norte.
- Cambios en las rutas migratorias tradicionales.
- Variaciones en el momento del desove y en la sincronía con los picos de abundancia de plancton, cruciales para la supervivencia de las larvas.

Estos cambios pueden tener consecuencias sobre la estructura genética de las poblaciones y sobre las comunidades depredador-presa en las nuevas áreas ocupadas. La gestión pesquera debe adaptarse a estos desplazamientos, que afectan tanto a la disponibilidad del recurso para distintas flotas como al equilibrio ecológico en zonas receptoras.

Investigación científica y seguimiento poblacional



El bacalao es uno de los peces marinos mejor estudiados del mundo. Desde hace décadas, institutos oceanográficos y organismos de gestión pesquera realizan campañas de investigación para:
- Estimar la biomasa y la estructura por edades de las poblaciones.
- Analizar la reproducción, el crecimiento y la mortalidad natural y por pesca.
- Estudiar las interacciones con otras especies y el impacto de cambios ambientales.

Se utilizan métodos como:
- Campañas de arrastre científico estandarizadas para obtener índices de abundancia.
- Marcaje y recaptura para estudiar migraciones y tasas de explotación.
- Análisis genéticos para entender la estructura de stocks y la conectividad entre áreas.
- Modelos bioeconómicos y ecosistémicos que integran datos ecológicos y pesqueros.

La información generada es fundamental para establecer cuotas de captura, tallas mínimas y otras medidas de gestión que buscan garantizar la explotación sostenible del recurso, aunque la aplicación y cumplimiento de estas recomendaciones varía entre países y regiones.

El bacalao en el contexto del reino Animalia



Como miembro del reino Animalia, el bacalao ejemplifica varios rasgos clave de la evolución de los vertebrados acuáticos:
- Posee una columna vertebral y un esqueleto óseo característicos de los peces actinopterigios.
- Presenta complejos sistemas sensoriales (visión, olfato, línea lateral) adaptados a la vida en un medio tridimensional y dinámico.
- Su estrategia reproductiva de alta fecundidad y ausencia de cuidado parental contrasta con otras líneas evolutivas de animales, ilustrando la diversidad de estrategias vitales dentro del reino.
- Su capacidad de formar grandes agregaciones y realizar migraciones extensas refleja patrones de comportamiento que también observamos en otros vertebrados marinos, como algunas especies de peces pelágicos y ciertos mamíferos marinos.

Además, su historia reciente pone de manifiesto la profunda influencia que una sola especie animal puede tener sobre las sociedades humanas y, recíprocamente, hasta qué punto las actividades humanas pueden transformar la trayectoria evolutiva y ecológica de un organismo.

Conclusión: el bacalao como símbolo biológico y ecológico



El bacalao, más allá de su valor gastronómico y económico, es un protagonista central de las aguas frías del hemisferio norte. Como animal, representa un ejemplo notable de adaptación a ambientes marinos fríos, de éxito ecológico como depredador generalista y de vulnerabilidad frente a la explotación intensiva.

Su biología —desde la reproducción masiva hasta las complejas migraciones— se entrelaza con fenómenos globales como el cambio climático, la sobrepesca y la degradación de los océanos. Por ello, comprender en profundidad al bacalao dentro del reino Animalia no solo ilumina la vida de un pez concreto, sino que sirve como ventana para entender la delicada trama que sostiene los ecosistemas marinos y las múltiples formas en que los seres humanos dependen de ellos.

Conservar al bacalao en poblaciones saludables implica respetar su biología, sus ritmos y su papel ecológico. De ese modo, este pez emblemático puede seguir ocupando su lugar en el entramado de la vida marina y en la historia compartida entre la especie humana y el océano.